Cada minuto que los pequeños emplean en ver la televisión, son minutos que no dedican a otras cosas. Con esto, además, conseguimos que el niño reciba mensajes que pueden ser saludables o no, pues no los controlamos. El consumo de televisión debe estar controlado en tiempo y regulado referente a los programas que pueden ver. De otro modo, puede suceder que un niño consuma toda una tarde viendo la televisión, programas que no entendería pues van dirigidos a adultos y recibiendo mensajes poco saludables sobre el consumo de alimentos que no convienen en el crecimiento, por ejemplo. Lo más grave es que esto se convierta en un hábito y tras esa tarde, venga otra y otra… al final, el niño pasa horas sentado, atrofiando músculos, evitando relaciones personales con otros niños y bloqueando la capacidad de pensar, pues los programas ya lo dan pensado por el niño, que aun no es capaz de analizar. Ante esta situación, es necesario obligar al niño a no acostumbrarse a ver la televisión que no necesita ver y sí sustituirlo por otros hábitos saludables para la mente, como completar las tareas escolares o leer, y hábitos saludables para el cuerpo, como practicar deportes colectivos que potencien la relación y los músculos, completando esto con una dieta que no suele ser la que recomiendan los medios televisivos a través del anuncio de distintos productos ricos en grasa.
Otro blog de interés sobre el tema en: http://tecno-sedentarismo-infancia.blogspot.com/
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